9 abr 2011

El Paladín y la Druida: Tan Solo Un Sueño (extracto de partida de rol)


"Ven, hay algo que quiero mostrarte". Ambos subieron a sus caballos y la guió a las afueras de la ciudad, a una pequeña colina cuyo pasto brillaba especialmente a la luz del sol de la tarde. Lo suficientemente lejos de la ciudad como para tener su propio silencio. Era un lugar de paz y ambos lo percibieron en cuanto llegaron.

Él la miró y desmontó de su caballo. Se acercó a ella y con una sonrisa alzó su mano ofreciéndole ayuda para que ella bajara del suyo, sabiendo por supuesto que ella era perfectamente capaz de hacerlo sola.

La acompañó unos pasos más adelante, a un punto de la colina en donde había un pequeño montículo de tierra revuelta, una pequeña pala, y una bolsa con un retoño de roble. Se arrodilló frente a él, y sin decirle nada ella comprendió. Y con la ayuda de la druida los dos plantaron el retoño en el lugar elegido.

"Este árbol lo plantamos juntos. Pero no puedo hacerlo crecer sólo. Para que crezca te necesito a tí, Anais.

Tu sabes bien que hay muchas cosas que pueden hacerlo morir. En la naturaleza, como parte de la vida, nada es fácil. El clima, los animales, el hombre. Nuestros propios errores. Para que algún día nos regale su sombra necesito tu mano, junto a la mía, como están en este momento y que juntos lo cuiden.

Se que eres un alma libre, y nada me dolería más que dejaras de serlo, y te sintieras atada a mí o a nada de este mundo.

Quiero aprender a quererte en libertad. Quiero que aprendamos a quitarnos las armaduras y dejar atrás nuestros miedos y el dolor de nuestro pasado. Quiero acompañarte en el viaje que es aprender a conocerte a tí misma.

Se que puedes cambiar de forma, y que tu carácter y pensamientos pueden cambiar como cambian las estaciones, como cambia el tiempo, sin aviso y con el capricho y la furia de la naturaleza.
Simplemente debes saber que siempre vas a poder contar con mi fe inquebrantable y mi brazo fuerte para luchar por lo que creo. Creer es lo que hago, y creo en tí. Y nada va a cambiar eso mientras la sangre corra por mis venas.

Te invito a que tomes mi mano y me aceptes como tu compañero, tu igual, y que juntos creemos algo que sea solo nuestro, lejos de las leyes del hombre y de las miradas de quienes nunca nos van a entender. Inventemos nuestro propio lenguaje para decir lo que sentimos.

Será nuestro secreto. Como este árbol."

Sin dejar de mirarla a sus increíbles ojos verdes, el paladín la acarició con su mano por detrás de su espalda, y posándola en su nuca, por debajo de su pelo, le ofreció la otra en señal de aceptación. 

Tan solo quedaba sellarlo todo con un beso.

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