Ok, acabo de ver esta película y no puedo dejar de decir que me impresionó bastante.
Es una especie de documental que trata sobre dos bandas de rock, por un lado The Brian Jonestown Massacre (liderada por Anton Newcombe) y por el otro The Dandy Warhols, (liderada por Courtney Taylor). La película muestra la amistad y rivalidad simultánea de las dos bandas, en medio de una constante explosión de creatividad, en medio de un grupo de gente empeñada en vivir el rock & roll lifestyle como si no hubiera otra forma (creyendo que no hay otra forma, quizás realmente no lo haya). Y está la sombra del Éxito. Eso que le hace tanto mal al Arte.
Desde su primera línea en la peli, Newcombe parece empeñado en demostrarnos su ferviente desdén contra la posibilidad de que su banda sea exitosa. Contra la mera idea de que una banda de rock sea famosa. Por supuesto, el hecho de que él sea un verdadero genio, un músico prolífico, un visionario como pocos, eso hace que sea más doloroso ver cómo se autosabotea constantemente. Newcombe y su banda de alegres bromistas nadan en un universo propio lleno de guitarras, drogas, furgonetas, casas ajenas, alcohol, mugre y cool. Sus shows rara vez no terminan siendo un desastre donde los miembros de la banda se pelean entre sí o con la audiencia.
Courtney y compañía son parte de este mundo, vienen de él. Pero a medida que transcurre la película (la película que en realidad es un testimonio guionizado de lo que pasó en realidad), los Dandys se separan de esa visión de Newcombe en la que tener éxito implica venderse al sistema, rendirse y convertirse en el enemigo. Les cuesta, pero finalmente su banda tiene "éxito". Y a los BMJ les duele.
La ironía es que Newcombe y sus BJM tienen más talento que los Dandy Warhols, y que cualquier otra banda de esta era. Esto suena como una declaración disparatada e hiperbólica. Pero es algo que a lo largo de la película todos los participantes coinciden en destacar. El talento de Newcombe sólo hace que observar su autodestrucción planeada sea más doloroso. Como el proverbial choque de autos que no podés dejar de mirar, como un edificio en llamas.
En una escena se ve a los BMJ que quedan (básicamente Anton y Joel Gion, el inefable bufón que toca la pandereta en la banda) tocando en un vagón del subte, y un hombre que sale de verlos dice a las cámaras, impresionado, inspirado, que le recordó a cuando vió a Dylan en sus comienzos. Dice que había estado escuchando esa música por los últimos 35 años. Que esos tipos lo tenían. El señor pregunta a la cámara quiénes eran esos tipos, cómo se llamaban.
La película funciona como un testamento al talento y locura de Newcombe, pero también como otra fábula rock donde los sellos discográficos son el malo. Cosa que no podía ser de otra forma, dejando de lado las tendencias de autosabotaje de Newcombe, sólo con ver la película no cuesta darse cuenta de que hay algo mal con la industria discográfica, la forma en la que vampirizan, consumen, glorifican y finalmente escupen los restos de gente con talento, que tiene algo que decir artísticamente.
Es por eso que el gusto que queda en la boca después de ver la peli es si paradojicamente Anton, el antihéroe de esta saga, no tiene la razón sobre su demonización del éxito. Y si finalmente los Dandys, a los que se ve en su mejor momento al finalizar la películar, no están pagando un precio demasiado alto por lograrlo. Su guitarrista subraya en un segmento que realmente los BMJ tienen más talento que ellos, que probablemente sean los que perduren en el tiempo, mientras que su banda simplemente tuvo éxito.
La película se deja ver como una explosión de colores y música, intoxicante y circense, pero al mismo tiempo una vez que uno entra en el mundo que plantea lo siente como algo natural. Es difícil no dejarse seducir por el carisma de sus personajes, aunque al mismo tiempo uno puede verlos de afuera y en cierto grado sentir lástima por ellos, maravillosos perdedores.
Secretamente todos querríamos ser como ellos. A nosotros, los fans de la música, las personas que podemos apenas soñar con tener con una gota de creatividad comparada al océano que tiene gente como Newcombe, la gente que tiene sueños, no nos queda más que sentirnos inspirados por un genio incomprendido, un mártir del rock & roll como él.
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